Migrar también es un proceso emocional
Un cambio que se siente en el cuerpo y en la mente
Migrar es una de las experiencias vitales más intensas que puede atravesar una persona. No se trata solo de trasladar objetos y rutinas de un lugar a otro, sino de reorganizar una identidad completa: vínculos, costumbres, referencias cotidianas y hasta la forma de nombrar las cosas.
Es común sentir que las emociones se vuelven más intensas o más confusas durante este proceso. Alegría, alivio, tristeza y extrañeza pueden aparecer en el mismo día, incluso en la misma hora.
El duelo migratorio existe, aunque no siempre se lo nombre
Cuando dejamos un lugar, dejamos también personas, paisajes, olores, rutinas y una manera de sentirnos en el mundo. Ese conjunto de pérdidas puede dar lugar a un duelo, similar en su lógica a otros duelos, aunque distinto en su forma.
Reconocer que existe un proceso de duelo migratorio ayuda a quitarle exigencia a la experiencia: no hace falta sentirse bien todo el tiempo para estar "adaptándose correctamente".
Sostener el proceso, no apurarlo
Cada persona migra a su propio ritmo. Hay quienes necesitan más tiempo para sentirse en casa en un nuevo lugar, y eso no dice nada sobre su fortaleza o capacidad de adaptación.
Contar con un espacio de acompañamiento psicológico puede ser de ayuda para poner en palabras lo que se atraviesa, sin apuro y sin la exigencia de tener que sentirse de una manera determinada.
Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza una consulta profesional. Si estás transitando un proceso migratorio y sentís que te vendría bien un espacio de acompañamiento, podés escribirme para conversarlo.





